Viviendo Parashat Shemot: Encontrar nuestra voz en los lugares estrechos
- Rebbetzin Hannah Miryam Bejarano-Gutierrez

- Jan 7
- 4 min read
Rebbetzin Hannah Miryam Bejarano Gutierrez

Parashat Shemot se abre no con milagros, sino con nombres. “Ve’eleh shemot bnei Yisrael—Estos son los nombres de los hijos de Israel que llegaron a Egipto” (Shemot 1:1). La Torá podría haber dicho simplemente “los hijos de Israel”, pero insiste en enumerar nombres, recordándonos que la redención comienza con la identidad. Para las mujeres judías, que a menudo cargan con trabajo invisible y una fortaleza silenciosa, esta apertura afirma que ninguna alma es anónima en la historia divina: cada nombre importa, incluso en el exilio.
-El exilio comienza cuando se olvida la humanidad
El descenso a la esclavitud egipcia comienza de manera sutil. Surge un “nuevo rey” “que no conocía a Yosef” (Shemot 1:8). Nuestros sabios explican que esto no significa necesariamente ignorancia, sino un olvido deliberado (Sotah 11a). El exilio se profundiza cuando desaparece la gratitud y se erosiona la memoria moral. El Faraón reduce a las personas a números, cuotas de trabajo y miedo. Cuando una sociedad deja de ver la imagen de D-s en los demás, la opresión se normaliza.
Para las mujeres, esto resuena profundamente. El borrado del trabajo emocional, de la transmisión de la fe y del liderazgo moral refleja esta amnesia espiritual. Sin embargo, Parashat Shemot enseña que cuando los sistemas colapsan éticamente, las mujeres a menudo se convierten en los recipientes de la memoria y la resistencia.
-El coraje de las mujeres que se negaron a obedecer
La redención comienza no con Moshé, sino con mujeres que desafían al Faraón de manera silenciosa y valiente. Shifrá y Puá, las parteras hebreas, se niegan a asesinar a los recién nacidos varones (Shemot 1:15–17). La Torá enfatiza que ellas “temieron a D-s”, enseñando que el verdadero temor al Cielo se manifiesta como valentía moral, no como obediencia ciega.
El Midrash (Shemot Rabá 1:13) identifica a estas mujeres como Yojéved y Miriam—mujeres que comprendieron que preservar la vida es un acto de fe. Las mujeres judías de hoy, que equilibran la halajá, la familia y la claridad moral, pueden extraer fuerza de este modelo: cuando se enfrentan a decisiones imposibles, el temor a D-s ancla la acción ética.
-La maternidad judía como un acto de redención
Yojéved da a luz en secreto, y cuando ya no puede ocultar a su hijo, lo coloca en una canasta sobre el Nilo (Shemot 2:3). Este acto no es abandono, sino entrega al cuidado divino. La palabra utilizada para la canasta, tevá, es la misma que se usa para el arca de Noaj—ambas son recipientes de salvación en aguas caóticas.
Batya, la hija del Faraón, trasciende su privilegio y salva al niño, desafiando el decreto de su padre (Shemot Rabá 1:27). El Midrash enseña que su brazo se extendió milagrosamente para alcanzar a Moshé—simbolizando que cuando una mujer se extiende más allá de su zona de confort para salvar un alma, el Cielo amplía su capacidad.
Juntas, Yojéved, Miriam y Batya forman una cadena de redención. El Talmud enseña: “Por el mérito de las mujeres justas, Israel fue redimido de Egipto” (Sotah 11b). La redención nace en cocinas, cunas, oraciones susurradas y decisiones morales que nadie aplaude.
-Moshé: un redentor formado a través de la compasión
Moshé crece entre mundos—hebreo por nacimiento, egipcio por crianza—y, sin embargo, su rasgo definitorio es la compasión. No puede ignorar la injusticia: interviene cuando ve a un hebreo golpeado, cuando dos hebreos discuten y cuando los pastores de Midián acosan a las hijas de Yitró (Shemot 2:11–17). El Rambán señala que estos momentos revelan la idoneidad de Moshé para el liderazgo—quien siente el dolor del otro no puede ser indiferente al pueblo de
Di-s.
Las mujeres judías, a menudo formadas en la empatía y el cuidado, reconocen esta cualidad de manera instintiva. El liderazgo en la Torá no es dominación; es responsabilidad arraigada en la sensibilidad.
-La zarza ardiente: D-s en el fuego oculto
Moshé se encuentra con Di-s no en un palacio, sino en una zarza ardiente que no se consume (Shemot 3:2). Los sabios explican que D-s eligió un humilde zarzal para enseñar que Él habita con Israel en su sufrimiento (Shemot Rabá 2:5). Incluso en los lugares más estrechos, la Presencia Divina permanece.
Para las mujeres judías que navegan el agotamiento, la obligación y la devoción silenciosa, este es un mensaje poderoso: la santidad no siempre ruge—titila, persevera y se niega a extinguirse.
-“Yo estaré contigo”
Cuando Moshé duda, sintiéndose inadecuado, D-s responde: “Ehyeh imach—Yo estaré contigo” (Shemot 3:12). La redención no requiere perfección, elocuencia ni certeza. Requiere presencia, disposición y confianza.
Esta reafirmación resuena en la vida de las mujeres que se sienten invisibles o abrumadas. D-s no pide más de lo que podemos dar—solo que estemos presentes, una y otra vez, llevando la fe a lo cotidiano.
-Un mensaje para nuestra generación
Parashat Shemot enseña que la redención comienza mucho antes de la apertura del mar. Comienza cuando las mujeres se niegan a renunciar a la moralidad, cuando las madres actúan con fe, cuando la compasión interrumpe la crueldad y cuando las personas recuerdan sus nombres.
Fuentes:
Shemot 1–3
Sotah 11a–b
Shemot Rabá 1:13, 1:27, 2:5
Rambán sobre Shemot 2:11
Tanchuma, Shemot 2




Comments