Viviendo Parashat Beshalaj: La Emuná, canto y el valor silencioso de las mujeres judías
- Rebbetzin Hannah Miryam Bejarano-Gutierrez

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Rebbetzin Hannah Miryam Bejarano Gutierrez

-Cuando la redención se siente inconclusa
Parashat Beshalaj (Shemot / Éxodo 13:17–17:16) suele recordarse por sus momentos más dramáticos: la apertura del Mar de Juncos, el Canto del Mar y la derrota de Amalek. Sin embargo, bajo el espectáculo se esconde una historia más íntima: lo que sucede después de la liberación, cuando las cadenas han desaparecido pero el corazón aún tiembla.
Para las mujeres judías, especialmente dentro de la mesorá sefaradí, Beshalaj no trata únicamente de milagros que ocurrieron entonces. Trata del trabajo emocional y espiritual que se requiere ahora: cómo avanzar cuando la fe es frágil, cuando la rutina pesa y cuando la libertad exige responsabilidad.
Esta parashá enseña que la redención no es un acontecimiento único. Es un proceso, uno que se despliega a través de la confianza, la paciencia, la memoria y el canto.
1. Un camino más largo elegido con compasión
La Torá abre la parashá con un detalle sorprendente:
«Ds no los condujo por el camino de la tierra de los filisteos, aunque era cercano, porque Ds dijo: no sea que el pueblo se arrepienta al ver la guerra y regrese a Egipto».
(Shemot 13:17)
Desde una perspectiva sefaradí, profundamente influida por las enseñanzas del Rambán y de los jajamim posteriores, este versículo refleja la sensibilidad divina hacia la psicología humana. Una libertad que llega demasiado rápido, sin preparación interior, puede resultar más aterradora que empoderadora.
El Rambán explica que Am Israel aún no estaba emocionalmente preparado para el conflicto (Rambán sobre Shemot 13:17). Hashem elige un camino más largo, no como castigo, sino como protección.
Para las mujeres que sostienen la continuidad emocional y la salud espiritual de sus familias, este mensaje resuena profundamente. El crecimiento no siempre sigue el camino más corto. A veces, el camino más largo es el más compasivo.
2. Cargar los huesos de Yosef: la memoria como ancla espiritual
La Torá se detiene para contarnos:
«Moshé tomó consigo los huesos de Yosef…»
(Shemot 13:19)
¿Por qué se menciona este detalle?
Yosef representa la fe en el exilio: la capacidad de permanecer fiel a Ds aún inmerso en una cultura ajena. Los comentaristas sefaradíes señalan que los huesos de Yosef no eran solo una obligación física, sino una brújula moral (Shemot Rabbah 20:19).
Las mujeres judías suelen ser las portadoras de las historias familiares, las costumbres, las recetas, las melodías y los valores. Al igual que Moshé cargando los huesos de Yosef, las mujeres transportan la identidad a través de terrenos inciertos.
La redención no trata solo de hacia dónde vamos. También trata de aquello que nos negamos a dejar atrás.
3. Las columnas de nube y fuego: un ritmo femenino de presencia
Hashem acompaña al pueblo con dos columnas:
una columna de nube durante el día
una columna de fuego durante la noche
(Shemot 13:21)
Los sabios sefaradíes enfatizan que estas columnas reflejan un equilibrio entre ocultamiento y revelación. La nube suaviza la luz intensa; el fuego calienta la oscuridad.
Muchas mujeres viven dentro de este ritmo: ofreciendo fortaleza en la quietud de los momentos silenciosos y un calor que nace de nuestra naturaleza cuidadora. Este es el ritmo femenino que las mujeres judías han sostenido a lo largo de las generaciones, dentro de la Presencia Divina que no nos abandona cuando la claridad se desvanece; simplemente se transforma en un susurro que nos recuerda que Hashem nunca nos dejará.
La fe no siempre se siente como fuego. A veces se siente como una nube, y eso también es guía.
4. De pie ante el mar: cuando el silencio también es fe
Cuando el faraón se acerca y estalla el pánico, el pueblo clama. Moshé responde, pero Hashem lo interrumpe:
«¿Por qué clamas a Mí? Habla a los hijos de Israel y que avancen».
(Shemot 14:15)
La Mejiltá explica que el mar no se abrió de inmediato. El pueblo tuvo que dar el primer paso.
Según la tradición sefaradí, Najshón ben Aminadav entró en el agua antes de que esta se partiera (Sotá 37a). Este momento no trata de heroicidades, sino de actuar sin garantías.
Para las mujeres que equilibran el miedo y la responsabilidad, esta es una lección poderosa: hay momentos en los que la oración debe ir acompañada de acción. La fe no solo se siente; se practica.
5. El Canto del Mar: una voz femenina colectiva
Después del milagro, la Torá registra un canto, no un discurso ni una ley, sino poesía:
«Entonces Moshé y los hijos de Israel cantaron este canto…»
(Shemot 15:1)
Inmediatamente después leemos:
«Miriam la profetisa… tomó el pandero en su mano, y todas las mujeres salieron tras ella con panderos y danzas».
(Shemot 15:20–21)
El Midrash enseña que las mujeres llevaron instrumentos porque confiaron en la redención incluso antes de que ocurriera (Mejiltá de Rabí Yishmael).
La cultura sefaradí atesora el canto como avodá: pizmonim, bakashot, melodías de Shabat transmitidas de madre a hija. El canto se convierte en un vínculo con Hashem que se lleva en la mente y en el alma.
Las mujeres no solo repiten la redención; la anticipan.
6. Del canto a la sed: la prueba de Mará
Apenas termina el canto, el pueblo se queja por el agua amarga:
«No pudieron beber las aguas de Mará, porque eran amargas».
(Shemot 15:23)
La redención no elimina la incomodidad. Los comentaristas sefaradíes subrayan que la amargura no es un fracaso de la fe; es una etapa de refinamiento.
Hashem le muestra a Moshé un árbol para endulzar el agua. El Zóhar explica que el árbol representa la Torá, capaz de transformar la dificultad cuando se aplica correctamente.
Las mujeres suelen experimentar esta dinámica a diario: alegría seguida de esfuerzo, claridad seguida de cansancio. Beshalaj enseña que la amargura no es lo opuesto a la santidad; es su materia prima.
7. El maná: confianza diaria, no certeza acumulada
El maná desciende cada día, pero no puede guardarse:
«Que nadie deje nada de él para la mañana».
(Shemot 16:19)
Esta lección está profundamente alineada con la emuná sefaradí, que enfatiza el bitajón vivido en la rutina más que la teología abstracta.
El maná enseña contención, paciencia y humildad, cualidades tradicionalmente cultivadas en el ámbito del hogar. Preparar alimentos, administrar hogares y sostener familias reflejan el ritmo del maná: recibir a diario y confiar en el mañana.
El alimento espiritual, como el físico, debe renovarse constantemente.
8. Shabat en el desierto: la pausa sagrada como resistencia
Por primera vez, el Shabat es ordenado en relación con el maná (Shemot 16:23). En un mundo definido por la supervivencia, Hashem introduce el descanso.
La tradición sefaradí ve el Shabat no como una huida, sino como preservación de la identidad. Incluso en la inestabilidad, la santidad no es negociable.
Para las mujeres que anclan el Shabat a través de la preparación, las velas y la atmósfera del hogar, este momento afirma que el descanso en sí mismo es un acto de fe.
9. Amalek: el agotamiento como vulnerabilidad espiritual
La parashá concluye con el ataque de Amalek:
«Atacaron a los débiles y cansados que iban detrás».
(Devarim 25:18, reflejado en Shemot 17)
Los comentaristas sefaradíes explican que Amalek apunta al agotamiento, físico y espiritual. Cuando la fe está cansada, la duda encuentra entrada.
Las mujeres a menudo se encuentran “en la retaguardia”, cuidando de los más vulnerables. Beshalaj nos recuerda que la defensa espiritual incluye descanso, apoyo y comunidad.
La victoria sobre Amalek no llega solo a través de la batalla, sino mediante la confianza plena en Hashem, la fortaleza compartida y la responsabilidad mutua (Shemot 17:11–12).
-Aprender a caminar antes de que se abran las aguas
Parashat Beshalaj no presenta una redención pulida. Presenta una redención real, con miedo, canto, queja, confianza y cansancio entrelazados.
Para las mujeres judías, esta parashá valida el trabajo sagrado de la resistencia emocional, el liderazgo silencioso y la fe cotidiana. La redención no solo se canta; también se cocina, se limpia, se espera y se cree en ella, día tras día.
Aún estamos caminando por el mar. A veces el agua se siente alta. Pero Beshalaj nos asegura que el camino aparece bajo nuestros pies cuando avanzamos con confianza.
Fuentes
Shemot (Éxodo) 13:17–17:16
Rambán sobre Shemot 13:17
Shemot Rabbah 20:19; 23:4
Mejiltá de Rabí Yishmael, Beshalaj
Sotá 37a
Zóhar II, 48b–50a
Rashí sobre Shemot 15:20; 16:4
Devarim 25:17–18
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