Asará BeTevet: Cuando el Cerco Comienza Dentro de los Muros
- Rebbetzin Hannah Miryam Bejarano-Gutierrez

- Dec 30, 2025
- 4 min read
Una exploración reflexiva e inspiradora del Ayuno del Diez de Tevet
Rebbetzin Hannah Miryam Bejarano Gutierrez

Introducción: Un ayuno silencioso con ecos duraderos
Asará BeTevet, el Ayuno del Diez de Tevet, suele llegar de manera silenciosa en el calendario judío. Carece de la solemnidad pública de Tishá BeAv o de la intensidad espiritual de Yom Kipur, pero su mensaje es sutil y profundamente penetrante. Este ayuno no conmemora la destrucción misma, sino el momento en que la destrucción se volvió inevitable: el día en que Jerusalén fue cercada, cuando el peligro dejó de ser lejano y comenzó a presionar desde todos los flancos.
En el tiempo judío, los comienzos importan. Asará BeTevet nos invita a prestar atención no solo a los desenlaces, sino a las etapas iniciales del deterioro espiritual, del compromiso moral y del cerco emocional: esos momentos en los que aparecen señales de advertencia, pero aún existe la posibilidad de cambiar el rumbo.
El momento histórico: el día en que los muros fueron rodeados
El origen de Asará BeTevet está registrado de manera explícita en el Tanaj. En el noveno año del reinado del rey Tzidkiahu, el día diez del mes de Tevet, el rey Nevujadnetzar de Babilonia sitió Jerusalén:
“En el día diez del décimo mes… vino el rey de Babilonia, él y todo su ejército, contra Jerusalén, y acamparon contra ella”(Melajim II 25:1; véase también Yirmiyahu 52:4)
Aún no era destrucción. El Beit HaMikdash seguía en pie. La vida continuaba, aunque bajo una presión creciente. Pero la ciudad quedó sellada. Los recursos comenzaron a agotarse. La esperanza se estrechó. Dieciocho meses después, los muros serían quebrados (17 de Tamuz) y el Templo sería incendiado (9 de Av).
Nuestros Sabios enseñan que este día fue tan significativo que el profeta Yejezkel —ya en el exilio— recibió la orden divina de escribir la fecha exacta, subrayando que algo irreversible había comenzado (Yejezkel 24:1–2).
Asará BeTevet marca, por lo tanto, el inicio del colapso, no su culminación.
¿Por qué ayunar por un comienzo?
La decisión del judaísmo de ayunar en esta fecha es sorprendente. ¿Por qué llorar al inicio y no al final?
Porque, espiritualmente, los finales rara vez son repentinos. El sitio de Jerusalén no fue solo militar, sino también moral y espiritual. Mucho antes de que Babilonia llegara, los profetas advirtieron sobre la corrupción, la injusticia, el ritual vacío y la falta de unidad. El cerco físico reflejaba una realidad interna que ya se había instalado.
Asará BeTevet nos enseña que el momento más peligroso no es la destrucción misma, sino la negación: cuando los muros se cierran y nos convencemos de que no es necesario cambiar nada.
El marco profético: del duelo al significado
El ayuno del décimo mes es mencionado por el profeta Zacarías junto con otros ayunos relacionados con la destrucción del Templo:
“El ayuno del cuarto, el ayuno del quinto, el ayuno del séptimo y el ayuno del décimo…”(Zacarías 8:19)
Sin embargo, la misma profecía contiene una promesa conmovedora: estos días de ayuno se transformarán, en el futuro, en días de alegría y verdad.
Esto expresa una idea profundamente judía: los días de ayuno no están destinados a perpetuar el dolor, sino a refinar el alma hasta que el dolor ya no sea necesario. El duelo, cuando se vive de manera correcta, se convierte en el terreno del que brota la sanación.
Carácter halájico: un ayuno que no se desplaza
Asará BeTevet es un ayuno menor: comienza al amanecer y concluye al anochecer. Está prohibido comer y beber, pero no se aplican otras restricciones físicas.
Sin embargo, posee una singularidad halájica. Cuando cae en viernes, se observa igualmente, a diferencia de otros ayunos menores que se postergan. Se ayuna incluso al entrar Shabat, finalizando solo poco antes de hacer Kidush. ( Shulján Aruj, Oraj Jaim 249:4 )
Muchos comentaristas señalan que esto subraya la gravedad del día. El mensaje es claro: hay momentos que exigen atención en su fecha exacta. Posponer la reflexión puede significar perder la oportunidad de reparar.
Una capa moderna: memoria sin nombres
Tras la Shoá, Asará BeTevet adquirió una dimensión adicional. El Rabinato Principal de Israel lo designó como Yom HaKaddish HaKlali, un día colectivo para recitar Kadish por las víctimas cuyos nombres o fechas de fallecimiento son desconocidos, y por quienes no dejaron descendientes que puedan recordarlos.
Esta elección no fue casual. El sitio de Jerusalén simboliza no solo destrucción física, sino también el silenciamiento de voces, familias y futuros. En este día, el pueblo judío se convierte en testigo de quienes no pueden ser recordados individualmente, pero jamás deben ser olvidados colectivamente.
El cerco interior: el trabajo espiritual del día
Asará BeTevet nos desafía a formular preguntas honestas y profundas:
¿En qué áreas de mi vida he permitido que los muros se cierren lentamente?
¿Qué hábitos, resentimientos o temores han cercado mi Jerusalén interior?
¿Qué señales de advertencia he ignorado porque el colapso parecía lejano?
El ayuno crea espacio. El hambre física agudiza la conciencia espiritual. Aprendemos que el verdadero sustento no proviene solo de lo que consumimos, sino de la claridad interior.
El Rambam enseña que los ayunos están destinados a despertar el corazón, no solo a afligir el cuerpo. Son llamados a la teshuvá: retorno, reparación y realineación.
Del cerco a la fortaleza: una mirada inspiradora
Hay algo silenciosamente esperanzador en Asará BeTevet. Aunque recuerda el encierro, también honra la conciencia. Las personas dentro de Jerusalén aún tenían tiempo: tiempo para rezar, para unirse, para ablandar corazones endurecidos.
En nuestras propias vidas, reconocer el cerco ya es un acto de valentía.
Cuando detectamos la distancia emocional antes de que las relaciones colapsen, cuando percibimos la sequedad espiritual antes de que la fe se apague, cuando enfrentamos patrones dañinos antes de que se conviertan en prisiones, estamos viviendo el mensaje más profundo de este ayuno.
Conclusión: proteger la ciudad interior
Asará BeTevet nos recuerda que la santidad no se pierde solo entre llamas; también se pierde cuando dejamos de proteger lo que es sagrado.
Pero también afirma algo eterno: la conciencia puede interrumpir lo inevitable. La memoria puede redimir el dolor. Y aun los ayunos más oscuros están contenidos dentro de una tradición que cree en la transformación.
Que este día afine nuestra sensibilidad, fortalezca nuestros muros interiores y nos acerque —paso a paso— al cumplimiento de la promesa profética, cuando los ayunos se transformarán en días de alegría, y el cerco dará lugar a la paz.




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